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Los egipcios preparaban a los difuntos para la vida del más allá. Los encargados de este laborioso proceso eran los sacerdotes embalsamadores.

Como sociedad fuertemente estratificada, la cultura egipcia contemplaba un tratamiento funerario distinto según el rango social del fallecido: desde los faraones, a quienes se momificaba por completo, hasta la población más humilde, a la que simplemente se enterraba en la arena del desierto, pasando por rangos intermedios, en los que la momificación era más o menos sencilla.

En el proceso de momificación (al menos en la más completa) se realizaban cinco fases:

1) Vaciado del cuerpo. Según la cultura egipcia, el cuerpo debía conservarse en perfecto estado.
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2) para la vida eterna, por lo que era necesario evitar su descomposición. El primer paso (tras el lavado del cuerpo) consistía en extraer el cerebro y las vísceras. Por lo general, este órgano se extraía por los orificios de la nariz con un alambre de hierro (o bronce) doblado, rematado en espiral o en gancho. Esta operación también podía llevarse a cabo a través del orificio occipital (cráneo). El siguiente paso era vaciar el cuerpo del difunto. Para ello, se realizaba una incisión en su costado izquierdo con una piedra etíope afilada y se extraían todas las vísceras (pulmones, hígado, estómago e intestinos). El corazón no solía extraerse, porque se lo consideraba sede del pensamiento y el sentimiento. Limpieza y conservación. Algunas partes del cuerpo eran arrojadas al río, a diferencia de los órganos internos más importantes (pulmones, hígado e intestinos). Éstos se lavaban varias veces. Luego, por separado, se envolvían en un paño de lino. Para asegurar el funcionamiento de las vísceras en el más allá, éstas se guardaban en vasos canopes, cuyas tapas se decoraban con los motivos de cuatro dioses, los llamados hijos de Horus. En el de Kebekhsvef (con forma de halcón) se introducían los intestinos, en Hapi (mono), los pulmones, en Amset (hombre), el hígado, y en Duamutef (chacal), el estómago. Estos vasos se depositaban junto al sarcófago.
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3) Desecación. A continuación, los embalsamadores trataban el cuerpo con natrón, una especie de sal preparada con especias aromáticas, carbonatos, sulfatos y cloruros. Esta sustancia se introducía en las cavidades interiores y en la superficie del cuerpo para evitar su descomposición. El proceso duraba entre 35 y 40 días.
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4) Embalsamamiento y vendado. Los embalsamadores vendaban el cuerpo con telas de lino impregnadas de resina y goma. Éstas procedían de telas desechadas la regeneración del difunto, o del ajuar doméstico del difunto, aunque también podía comprarse. Antes de vendar el cuerpo, éste se untaba con aceite de cedro. Luego se cubría con las vendas siguiendo un orden: cabeza, mano derecha e izquierda, pie derecho e izquierdo y resto del cuerpo. La momia podía estar envuelta en más de 20 capas de vendajes. Por último, entre las múltiples capas de vendas se depositaban frecuentemente numerosos amuletos, cuya función era asegurar por lo que cada uno de ellos tenía asignada una fuerza mágica: la vida, la felicidad, la protección...

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5) Enterramiento. Completado el proceso de embalsamamiento y vendado, la momia se revestía con una capa de yeso fina y se cabría la cabeza con una máscara. El cuerpo ya estaba preparado para ser introducido en el sarcófago, cuyo interior acostumbraba a pintarse. el enterramiento se realizaba unos 70 días después de la muerte.

Entrada publicada por: anasanchezibarra ( http://chuckbass.wikispaces.com/ )